Los días de influenza que conmovieron México

Por admin/Sapiens
10 Mayo, 2009

Ciudad de México.– Un dolor de cabeza y temperatura alta, que quizá en otras ocasiones le hubiera requerido sólo un poco de reposo y una aspirina, hizo que Vanesa Pacheco acudiera temerosa al Hospital de la Marina, en el Sur de la Ciudad de México, ante el temor de ser portadora del virus de influenza porcina que ha infectado, no con su ingeniosa micromaquinaria de ARN sino con una gigante ola de pánico, a sus más de 20 millones de habitantes, transformado la vida de la ciudad.

El shock inicial llegó la noche del jueves 23 de abril cuando el Ministro de Salud, José Ángel Córdova, anunció la suspensión total de clases en la capital del país, desde preescolar hasta las universidades, algo que no había ocurrido desde el terremoto de 1985 cuando murieron más de 20 mil personas. En pocas horas, el cierre de escuelas se extendería a todo el territorio nacional.

El alcalde de la ciudad, Marcelo Ebrard, tomaría una medida de contención aún más severa: la suspensión de más de 500 actividades culturales, deportivas y recreativas. A eso le seguiría el cierre de restaurantes, bares, cines, salones de baile, teatros, discotecas, centros deportivos, salones de fiesta, gimnasios, balnearios, centros de convenciones, zoológicos y parques.

Por estas medidas se pierden cerca de 56 millones de dólares cada día, lo que equivale al 36 por ciento de la actividad económica local, según la Cámara Nacional de Comercio de la Ciudad de México.

La imagen de la ciudad ha cambiado por completo y, a pesar de que la influenza porcina es curable, ya ha dejado sus huellas en las calles y plazas desiertas. Zonas que apenas unos días antes estaban abarrotados de personas ahora lucen desolados. Se respira miedo en el ambiente.

El gobierno federal emprendió una fuerte campaña en los medios de comunicación para que cualquier persona con síntomas de influenza (fiebre, dolor de cabeza, dolor de cuerpo, ojos irritados, estornudos, etc.) acuda rápidamente a cualquier clínica, centro de salud u hospital. Porque la influenza es tratable durante los primeros días, después se puede complicar con neumonías, bronquitis, pulmonía y otros padecimientos. De ahí viene la muerte.

La información oficial es incierta y hasta contradictoria: el 22 de abril, el Ministro de Salud negaba a los medios de comunicación la existencia de una epidemia de influenza: “Esto no es una pandemia de influenza (…) Estamos viendo una prolongación de la época estacional de la influenza, que normalmente se termina en febrero”.

Un día después, iniciaría la alerta de un brote de virus porcino A H1N1 distinto a la variedad de ese mismo virus humano. “¿Qué pasa? ¿es tan grave? ¿el virus es mortal? ¿cómo saber quién está infectado?, se preguntó Vanessa Pacheco, joven de 30 años; por eso no dudó en acudir al hospital. “Más vale pasar unas horas aquí que perder la vida”.

El 23 de abril, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reportó que ya había 854 casos y 59 fallecimientos “sospechosos”, pero el gobierno federal mexicano reconocía sólo 20 muertes.

José Ángel Córdova informó el 27 de abril que había más de mil 995 casos reportados y 149 fallecimientos por el nuevo virus de la “gripe porcina”, cuyo probable origen era el estado de California en Estados Unidos, ya que seis días antes el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) informó, a través de su página de internet, que tenía registrados dos casos de niños infectados con esta cepa (variedad) en dos localidades del sur de California.

En los días siguientes, los datos difundidos por el Ministerio de Salud a través de dos conferencias de prensa diarias continuaron siendo contradictorios, y el 30 de abril, anunció que sólo había 12 muertes y 300 enfermos confirmados.

Pronto la influenza se extendería por 18 estados del país y a otros países como Estados Unidos, Canadá, España, Gran Bretaña, Alemania, Nueva Zelanda, Israel, Austria, Holanda y Suiza, por lo que la OMS subiría el nivel de alerta epidemiológico a su fase 5.

Cerco informativo

El gobierno federal controla férreamente la información y la  mayoría de los científicos especialistas en virología, epidemiología, gripe porcina, influenza e infectología, trabaja para los Instituto Nacionales de Salud, que dependen del Ministerio de Salud o en la Universidad Nacional Autónoma de México, y todos ellos tienen prohibido dar entrevistas si no es con la autorización de las oficinas de comunicación social, que se rehúsan a brindarlas.

La mayoría de los funcionarios sólo dan entrevistas a unos cuantos medios estelares, principalmente de televisión y radio; el resto de los medios de comunicación se tiene que conformar con las conferencias donde habitualmente se responden sólo de 4 a 7 preguntas.

“El gobierno federal no se ha dado cuenta de la importancia de los científicos en esta emergencia, nosotros podemos informar y orientar adecuadamente a la población para evitar el pánico”, dijo un investigador de la Secretaría de Salud que pidió el anonimato para evitar represalias.

La estrategia de comunicación del gobierno federal ha generado alarma por errática, pero a pesar de ello, la población ha respondido muy bien y ha seguido todas las recomendaciones; por ejemplo, aunque la OMS no considera importante el uso de tapabocas para evitar la propagación de la infección, ésta ha sido una de las principales medidas adoptadas por los capitalinos.

Tapabocas de todos los colores han cubierto el rostro a la gran urbe mexicana; el primer día, tres de cada diez personas las portaban, una semana después, prácticamente todas.

Es tal la psicosis colectiva que incluso los niños y niñas de la calle, indigentes que sobreviven limpiando parabrisas o pidiendo dinero a los transeúntes, también han protegido sus rostros.

En un solo día se agotaron los tapabocas en las farmacias; el ejército, que antes sólo se le veía en las calles por la lucha contra el narcotráfico, salió a las calles de la ciudad para repartir tapabocas.

Muchos comerciantes aprovecharon la ocasión y los vendieron hasta 20 veces más caros. “No es justo, se aprovechan de la necesidad de las personas, no les importa la situación de pánico que vivimos”, dijo Luisa Hernández, una joven capitalina que recorrió en vano las calles en busca de un tapabocas.

Otras recomendaciones que han sido seguidas al pie de la letra por los citadinos son no acudir a lugares con muchas personas, alejarse de aquellos que tengan infección respiratoria, lavarse las manos con agua y jabón, no compartir alimentos, vasos ni cubiertos, pero lo peor de todo es que, aunque afecte la imagen gentil y hospitalaria de los mexicanos, han dejado de saludar de beso y de mano, como es la costumbre.

Sin cercos sanitarios

Spots en radio y televisión piden reiteradamente a la población acudir a cualquier centro de salud u hospital al sentir el primer síntoma, por ello, los capitalinos han abarrotado los 220 centros de salud y 28 hospitales del gobierno de la ciudad y los más de 600 hospitales federales.

Miles de personas se aglutinan en las salas de urgencias que han hecho evidente la incapacidad del sistema de salud de México, que en situaciones normales sólo puede atender al 50 por ciento de la población y que, ante la crisis sanitaria por la gripe porcina, ha sido colapsado.

No hay medidas especiales en los centros de salud. En las salas de urgencias de los hospitales se aglutinan hasta 300 personas que tienen que esperar horas para ser atendidas; si entre ellas hay alguna con influenza porcina, fácilmente podría infectar al resto.

“Debemos reconocer que no estamos preparados, nos ha tomado de sorpresa, pero nuestro sistema de salud no es el mejor”, reconoció un médico que pidió el anonimato.

Fernanda, una joven de 25 años, yace en el suelo de la sala de urgencias del Hospital General no. 27 de Iztapalapa. Tiene dolores de cabeza “insoportables” fiebre muy alta y diarrea, pero desde hace 5 horas espera su turno para ser atendida. Con dificultad accede a platicar y con temor exclama “¿a caso me van a dejar morir así?”

Doña Josefina llevó a su hijo de 19 años a las siete de la mañana, tiene todos los síntomas de una gripe, pero ya han pasado 12 horas y nada, aún no lo atiende ningún médico. Sólo hay dos para atenderlos a todos.

Alrededor del 90 por ciento de las personas que han abarrotado los hospitales de la ciudad llega por que tienen cuando menos dos síntomas de la gripe; el problema es que en ninguno de estos centros de salud existen medidas especiales para separarlos de otros pacientes que llegan con otras dolencias, como mujeres embarazadas, fracturados, diabéticos y accidentados. No hay cercos epidemiológicos en los hospitales.

Luis Jaramillo tiene una hermana enferma de influenza en el hospital y se encuentra en la sala de urgencias porque su hija presenta el mismo cuadro clínico. “Ya les dije a los médicos que nosotros somos parientes de un caso confirmado de influenza, pero ni así nos hacen caso, debemos esperar nuestro turno y ya tenemos tres horas aquí”.

Él se encuentra junto a las otras 300 personas, muy juntos, casi pegados. Los asientos de la sala de urgencias no son suficientes y la gente se sienta y acuesta en el suelo. En los baños del hospital no hay agua ni jabón, el piso tiene dos días sin ser aseado. Es un foco de infección potencial.

“El director del hospital no ha tomado medidas especiales para atender a los enfermos de influenza, no hay más médicos ni tampoco más enfermeras”, dijo el Dr. Orzan, quien tuvo que comprar él mismo los tapabocas y batas desechables que usa para atender a los pacientes.

Iztapalapa es la delegación más poblada pero también la más pobre de la capital, sin embargo, otros hospitales tanto locales como federales presentan el mismo cuadro, por ejemplo, la clínica familiar no. 23 del Instituto Mexicano del Seguro Social, tiene en su sala de urgencias a más de 250 personas.

La desigualdad, uno de los problemas más lacerantes de México, se refleja también en la atención médica. El hospital privado “Los Ángeles”, uno de los más exclusivos y caros, parece de otro mundo. Todo limpio y en orden. En la amplia sala de emergencias sólo hay 10 personas que esperan ser atendidas. Los médicos y enfermeras cuentan con todo lo necesario para protegerse ellos y a los pacientes.

Lo mismo ocurre con el Hospital de la Marina, inaugurado en diciembre de 2008; cuenta con todos los recursos, sus médicos visten trajes antisépticos de pies a cabeza, como en las películas. Hasta parecen astronautas. Desde el lunes 27 de abril, abrió por primera vez sus puertas a la población civil por la emergencia de influenza. Por eso Vanesa no dudó en acudir a este lugar.

“Me trataron muy bien, fueron muy amables, pero simplemente me observaron la garganta y me hicieron unas simples preguntas y me dijeron que no tenía nada más que una gripe común la influenza estacional”.

El nuevo virus

Los síntomas de la influenza son los mismos de la gripe común o influenza estacional pero agravados con fiebre superior a los 39 grados, y al avanzar la enfermedad las víctimas sufren insuficiencia respiratoria y hasta cuadros de neumonía. “Cuando llegan al hospital ya es demasiado tarde”, señala Luis Terán, investigador del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER).

A mediados de abril, Luis Terán, recibió el pulmón de la primera víctima mortal de la influenza porcina, procedente del sureño estado de Oaxaca. Las células de este órgano fueron analizadas con el objetivo de encontrar en ellas el agente causante del Síndrome Respiratorio Agudo, que empezó a propagarse en 2002 en Asia traspasando las fronteras de América, Europa y África, causando la muerte de más de 700 personas.

“Querían descartar SARS y yo tengo toda la tecnología para detectar virus y coronavirus”, relata. El investigador mexicano hizo el primer diagnóstico del A H1N1 porcino al mismo tiempo que lo hicieron en Canadá. Su laboratorio era el único que podía hacer este análisis en México hasta hace cuatro días.

Se trata de algo nuevo que se tenía que investigar de inmediato y Terán y su grupo ya tienen 10 años analizando los virus respiratorios que se presentan en el país, pero un laboratorio es insuficiente para un país con 105 millones de habitantes.

Desde el inicio del brote, el Ministerio de Salud reconoció la falta de laboratorios especializados para identifica el virus, por ello, la mayor parte de las muestras se enviaron al Departamento de Salud de Winnipeg, Canadá y al Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos.

“Hemos comprado equipo de diagnóstico para montar seis laboratorios y estamos trayendo especialistas de Canadá y Estados Unidos”, informó el 27 de abril José Ángel Córdova. “Estarán listos en los próximos días y estarán localizados en los institutos nacionales de Enfermedades Respiratorias, de Nutrición y de Salud Pública, así como en los laboratorios estatales de salud pública en el puerto de Veracruz y en Acapulco, Guerrero”.

Origen del mal

En marzo brotes de influenza estacional se presentaron en varias localidades del país, lo que alarmó a las autoridades sanitarias pues tradicionalmente terminan a fines de febrero.

En algunas comunidades como Perote, Veracruz, donde está instalada una de las granjas porcícolas más grandes del país –que genera el 10  por ciento de la carne de cerdo que se consume en México–, alarmó a sus pobladores.

“En el estado de Veracruz hubo un brote de influenza y realizamos estudios para localizar virus de influenza y encontramos que la mayoría eran A H2N3”, dijo José Ángel Córdova. “Sin embargo, de uno de los casos, un niño de cuatro años, confirmó la infección de influenza porcina A H1N1”.

De igual forma, otros brotes “atípicos” se localizaron en Guerreo, Oaxaca y en la ciudad de México.

El Ministro de Salud mencionó que se trataba de un virus similar al detectado en 2008 en el estado de California, Estados Unidos, por lo que se piensa que ese es su origen.

Éste es un virus porcino mutante. “El cerdo es la única especie que puede retomar las influenzas de otras especies”, explica Luis Terán. “Tiene dos receptores moleculares para el virus de influenza aviar y para influenza humana, y si se expone a estas influenzas se infecta y el virus se recombina (se mezcla y cambia) en ellos y se crea un nuevo virus que puede o no, infectar a los humanos.

El experto reiteró que se trata de un nuevo virus muy parecido al virus porcino identificado en 2008 en California, por lo que incluso se le conoce como H1N1 californiano.

Los funcionarios sanitarios de México no querían que se identificara a este virus como “gripe mexicana”, por lo que con frecuencia mostraban su molestia cuando los periodistas les cuestionaban sobre su origen.

“¿Dónde empezó? Va a ser muy difícil saberlo. Si quieren decir que es mexicano, pues no sé de dónde porque el genoma dice que es euroasiático. Entonces habrá qué ver. ¿Quién se lo trajo? Pues quién sabe”, expresó José Ángel Córdova, en conferencia de prensa.

Cuando el 29 de abril la OMS determinó nombrar a este virus como influenza humana, los funcionarios mexicanos lo informaron a todos los medios inmediatamente. En este caso su repuesta sí fue rápida, mucho más oportuna  que la alerta sanitaria.

La lucha contra el enemigo

La mejor manera de atacar al enemigo es conocerlo, ha dicho la Directora General del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Ciudad de México, Esther Orozco. Es por ello que integró un comité de investigación multidisciplinario e interinstitucional para caracterizar el virus de la influenza porcina; establecer una agenda común entre instituciones, a fin de obtener un método de diagnóstico certero; y trabajar conjuntamente para desarrollar a corto plazo una vacuna.

El grupo está conformado por especialistas en virología, biología molecular, aerobiología, inmunología y biotecnología de instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México, el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, así como la empresa Celera Genomics, quienes trabajan conjuntamente para enfrentar este nuevo patógeno.

El Instituto de Ciencia y Tecnología también plantea la creación de un Centro de Vigilancia Epidemiológica para la Ciudad de México, que resulta pertinente dada la alta concentración poblacional de la capital del país.

A H1N1 puede ser combatido fácilmente por antivirales como oseltamivir, los expertos han cifrado su índice de letalidad en sólo 7 por ciento. Las autoridades sanitarias de México esperan confirmar más casos de infección y muerte, pero ni en el peor de los escenarios llegaría a más de 14 mil 500 personas que mueren cada año en México por enfermedad respiratorias agudas, muchas de ellas (3 mil 500) por influenza estacional.

“El mundo debe aprender a vivir con un nuevo virus de la gripe que ha aparecido en México y que se está propagando rápidamente a muchas otras partes del mundo, y para ello es importante promover la educación en materia de salud y ciencia”, afirma Orozco.

Es cierto, este virus ha llegado para quedarse y estará presente en la salud y en la memoria colectiva de los mexicanos durante muchos años.

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