La huella genética de la historia mexicana

Por admin/Sapiens
11 Mayo, 2009

Irma Silva Zolezzi, investigadora del Inmegen e integrante de la Asociación Mexicana de Genética Humana y de la Sociedad Americana de Genética Humana. Foto: Luis Martínez/Sapiens

  • Los grupos indígenas con origen en la migración prehistórica de Asia, que pobló el continente, son muy distintos a los grupos modernos de Asia
  • Aunque pequeño y minoritario, el componente africano en los mestizos mexicanos es mayor al asiático y nos llegó diluido por los españoles

El origen y la evolución de las y los mexicanos ha quedado al descubierto en el genoma descifrado por investigadores del Instituto Nacional de Medicina Genónmica (Inmegen); con él muchas teorías e hipótesis de la historia se confirman y otras se descartan, por ejemplo, esa que suponía en nuestro componente genético había mucha presencia asiática, estaba equivocada.

Los antiguos grupos de americanos dejaron atrás la herencia de los nómadas que hace más de 30 mil años cruzaron el estrecho de Bering para poblar este continente. Los grupos indígenas mexicanos o amerindios son únicos, distintos a cualquier grupo ancestral como el caucásico, el asiático o el africano.

“Al analizar la diversidad genética en población mexicana vimos que tienen variaciones genéticas con frecuencias diferentes de otras poblaciones del mundo y esto es lo que en parte nos da las características genéticas particulares”, afirma Irma Silva Zolezzi, investigadora del Inmegen.

La joven experta en genética humana dice que, si bien estos proyectos no tienen como objetivo hacer estudios de genética poblacional o analizar migraciones sino buscar su aplicación en investigación clínica y biomédica, al ser la primera descripción genética amplia de poblaciones mexicanas mestizas e indígenas, se descubrió que brinda información relevante de nuestra historia.

“Empezamos a documentar, desde el punto de vista científico, cómo la genética de nuestras poblaciones puede contribuir a dar luz al conocimiento histórico del país”, expresa Silva Zolezzi. “Vemos que los patrones de mestizaje del país coinciden con los registros históricos”.

En el genoma mexicano se ve un alto componente europeo en la región del norte del país, en Sonora, en contraste con la alta proporción del componente indígena en zonas centrales y costeras como Guanajuato, Veracruz y Guerrero, regiones de alta densidad indígena.

Con el análisis de los zapotecos, del estado de Oaxaca, los investigadores han observado que los grupos indígenas tienen diferente origen histórico y distinto comportamiento demográfico como los mayas de la península de Yucatán o los tepehuanos de Durango. “Estamos haciendo el análisis de esas poblaciones en contraste con los mestizas de las mismas regiones para hacer correlaciones más profundas”, informa Silva Zolezzi.

Si bien sólo el 0.1 por ciento de la información genética entre los seres humanos es distinta, los investigadores del Inmegen encontraron que en ese pequeño margen las y los mexicanos tenemos hasta un 35 por ciento de variaciones en las letras de nuestro genoma, en comparación con otras poblaciones.

El componente asiático

El grupo del Inmegen, integrado por 16 científicas y científicos mexicanos, analizó con toda intención el componente asiático en nuestros genes, pues esperaban una fuerte evidencia debido a los registros históricos que indicaban una gran interacción comercial durante la colonia con la población asiática de Filipinas, y por las conocidas migraciones asiáticas al pacífico mexicano pero, para su sorpresa, observaron que realmente la contribución asiática es insignificante.

Silva Zolezzi afirma que el genoma mexicano demuestra que los grupos americanos que tienen su origen en la migración prehistórica de Asia y que pobló el continente, es muy distinto a los grupos actuales de China y Japón, aunque hay información genética compartida como lo hay con todas las poblaciones del mundo.

La comparación con el Hap Map internacional las poblaciones africana, europea y asiática nos muestra que las población indígena se encuentra muy condensada y aislada en un extremo, mientras que los mestizos mexicanos describen toda una franja que une a los europeos e indígenas. Antes habríamos pensado que nuestros ancestros eran los asiáticos.

“Esto quiere decir que genéticamente hubo cuellos de botella que, por cuestiones de medio ambiente, genética, epidemias, etcétera, surgen cuellos de botella que hace que la población de un lugar sea diferente a la que le dio origen”, sostiene Gerardo Jiménez.

El especialista comenta que con el genoma mexicano se cuantificaron las distancias genéticas entre las poblaciones mestizas de Guanajuato, Guerrero, Sonora, Veracruz, Yucatán y Zacatecas, con el grupo zapoteca y las tres poblaciones del HapMap. “Esto nos permitió ver que hay estados con mayor componente europeo como Sonora y de mayor componente indígena como Guerrero”.

Asimismo, se obtuvieron Snips (variaciones genéticas) privados que no se encontraron en las poblaciones del Hap Map sino exclusivamente en las poblaciones de México. “No sólo sabes cuáles son, sino dónde están, cuál es el cambio en el nucleótido y su frecuencia, en cada población de los diferentes estados de la república”, afirma Jiménez.

El componente africano

Curiosamente hay grupos mestizos que se acercan a los africanos, son los de Guerrero y Veracruz.

La parte de componente africano siempre es un tema a discusión, es el más ancestral, la población más antigua del planeta y siempre ha habido interés por saber su presencia en las poblaciones mexicanas. “Los resultados del genoma nos dan datos para ampliar esta discusión, pues tenemos mayor componente africano que asiático, pero la contribución africana es pequeña y minoritaria con relación a la europea e indígena”, subraya Silva Zolezzi.

Aunque en general no hay muchas diferencias entre las poblaciones mestizas, cuyo componente africano es de alrededor del 2 por ciento, en ciertos estados del país como Guerrero y Veracruz hay algunos individuos que tienen una mayor proporción, con alrededor del 15 por ciento.

Para Silva Zolezzi, a pesar de que hay comunidades afromexicanas el componente africano en México se ha sobreestimado, pero lo más interesante es que lo africano no llegó a través de los esclavos traídos durante la colonia sino a través de los españoles tenían una fuerte influencia africana. “Nos llega diluido dentro del componente europeo de España”.

La diversidad de la población

En las poblaciones suelen presentarse variantes genéticas de un mismo gen que puede llegar a ser ligeramente diferente de un individuo a otro. Si una persona hereda dos variantes de un mismo gen, uno del padre y otro distinto de la madre, se dice que esta persona es “heterocigota” para ese gen específico.

El grupo de investigadores del Inmegen se encuentra a la vanguardia de la medicina genómica en los países emergentes. Foto: Luis Martínez/Sapiens

Esto no quiere decir que las variaciones en el ADN no estén presentes en otros, sino que se encuentran en frecuencias distintas que fueron analizadas y correlacionadas matemáticamente entre ellas, a través del análisis genético de la heterocigosidad (HET) de los individuos. “Es un concepto genético que nos permite medir el grado de diversidad en la población”, dice Irma Silva Zolezzi.

A modo de ejemplo, supongamos que en una persona tiene una variante genética para el color de cabello negro y rizado llamado “N”, heredado de su padre, y otro que expresa el color negro y largo “n”, herencia de la madre, si tiene ambos “Nn” se trata de un individuo heterocigoto con cabello negro largo y rizado. En cambio, si tuviera “NN” o “nn” estaríamos hablando de un homocigoto.

“Hay una pequeña proporción de lo que hemos analizado donde hay ciertas variantes que están en la población de mestizos mexicanos e indígenas que no están presentes en otras poblaciones del mundo”, menciona Silva Zolezzi. “Es una proporción muy pequeña en el genoma que nos da rasgos genéticos que parecen ser únicos en nuestra población. Estamos hablando de alrededor del 1 por ciento de las primeras 100 mil variables que hemos analizado”.

Los científicos del Inmegen analizaron si estas variaciones de una misma región genética, vecinas de otra variación en otra región genética, pueden viajar juntas o no en el ADN, a través de generaciones. Por ello, estos cambios están relacionados con el tiempo que tiene una población en el mundo, es decir, con su ancestría.

“Por ejemplo, en poblaciones de origen africano estas correlaciones matemáticas son bajas, es decir, hay pocas variaciones genéticas que siempre viajen juntas, por el contrario, en los africanos estas variaciones están revueltas, pues a lo largo de miles de generaciones se han combinado genéticamente, por ello son poblaciones muy diversas”, explica Silva Zolezzi.

En contraste, en las poblaciones mexicanas se observa un comportamiento distinto frente a otras poblaciones, por ello, Silva Zolezzi y sus colaboradores analizaron este comportamiento dentro de la estructura del genoma mexicano haciendo las correlaciones matemáticas de esta diversidad genética tanto de la población indígena como en las mestizas. Este conocimiento ha sido de mucha utilidad en el mundo para hacer estudios genéticos de enfermedades.

El grupo poblacional de mayor heterocigosidad es el africano y el de menos heterocigosidad es el zapoteco. Las poblaciones mestizas, dependiendo la región, muestran diferentes niveles que van de menor heterocigosidad, en los estados de Guerrero y Veracruz, y el de mayor heterocigosidad es Sonora por su componente indígena reducido.

Estos resultados permiten observar, de manera inicial, que esta variabilidad podría ser mayor al 1 por ciento que tenemos hasta ahora. “Es importante realizar experimentos dirigidos a buscar este tipo de variabilidad por que nos ayuda a identificar la susceptibilidad a enfermedades o a determinar las variables genéticas que están detrás de nuestros rasgos y características”, dice Silva Zolezzi.

De esta información están surgiendo líneas de investigación futura en colaboración con antropólogos o la evaluación del genoma con otro tipo de marcadores genéticos como las variantes de cromosoma “Y” y el ADN mitocondrial, para evaluar linaje materno y paterno en la población mexicana.

Al final, un proyecto de aplicación biomédica nos da luz sobre la historia y la antropología de México. Nos ha revelado la huella genética de nuestra historia.

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